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Tenemos la oportunidad

 

Realmente espectaculares las declaraciones de este “broker”. Pero lejos de ser catastrofistas y buscar maniqueamente a los buenos y malos, tenemos que pensar como dice nuestro “broker”, que una crisis es una oportunidad.

Asi pues yace entre nuestras manos la posibilidad de crear unas nuevas condiciones para el mundo y aunque no sepamos todavía muy bien como, tenemos el “negativo” de la fotograía que nos ha llevado a esta crisis global y sólo tenemos que invertirlo…., “positivizarlo”.

Si lo analizamos en forma simple nos daremos cuenta que hemos llegado a este punto por un deseo desmesurado de crecimiento de los estados del bienestar en el que hemos intervenido todos,  y con el que “los mercados” han jugado.

Asi pues, alguien ideó un juego basado en la propiedad individual y la competencia, y todos jugamos porque queríamos naturalemente tener una “calidad de vida mejor”. Pero todos los juegos tienen un límite donde se colapsan por la fuerza natural de la evolución; un niño juega con un puzzle de 4 piezas hasta que la naturaleza con su fuerza de crecimiento evolutivo, le lleva a buscar un nuevo puzzle de 32 piezas. Y esto es lo que pasó con este juego cuando las redes de explotación de los recursos se hicieron globales y se saturaron. Y ya se sabe que de donde no hay, no se puede sacar. En estos últimos años ya no ha habido realmente mayor generación de riqueza sino que se ha especualdo con los bienes limitados ya sobre explotados.

En conclusión y con esta fotografía, ahora tenemos que “revelar” el sistema futuro e inventar un nuevo “juego social” adaptado a las nuevas capacidades evolutivas de la humanidad. Este podría ser el esbozo del mismo en cinco puntos básicos:

  1. Un sistema global en el que todas las partes esten interconectadas y sean interdependientes.
  2. Un sistema que satisfaga prioritariamente las “necesidades básicas” de cada parte.
  3. Un sistema en el que cada parte “cuide” del funcionamiento completo del Sistema mediante el apoyo mutuo y la cooperación.
  4. Un sistema en el que la felicidad individual esté supeditada a la felicidad global, de manera que el deseo individual sea conseguir el bienestar colectivo.
  5. Un sistema en el que una vez conseguido el bienestar colectivo se habrá alcanzado consecuentemente la felicidad individual de cada parte.

En resumen, el gran juego de la familia global de 7000 mil millones de personas que este ingenuo “broker” con cara de ángel acaba de anunciarnos. ¿Nos atrevemos a jugarlo?

Piensa bien y acertarás

¡Pero que dice este hombre! pensará el lector a leer el título del artículo. He de reconocer que el refranero nos dice lo contrario: Piensa mal y acertarás….

Es obvio por lo tanto que la propuesta es arriesgada y casi temeraria. Un desafío al refranero, que es algo así como un banco de datos ancestral sobre la psicología social. Pero para ello me apoyaré en otros dos refranes que me animan: “el que algo quiere algo le cuesta “  y “ no hay mal que por bien no venga”.

Es un hecho nítido, que el ser humano tiene una tendencia natural a pensar que su entorno está cometiendo todo tipo de desmanes contra uno mismo. Esto significa que lo ve como un potencial opositor para la adquisición de sus deseos, y en consecuencia no ve sino malvados y villanos que le acechan.

La ciencia por otra parte, está comenzando a argumentar que los pensamientos “positivos” provocan y apoyan importantes cambios en el restablecimiento de la salud individual, y colectiva. Y al contrario , que un “mal” pensamiento, apoya y provoca un estado de ruptura en mi propio sistema y en el sistema colectivo, y por lo tanto es un potencial de enfermedad. (Ver artículo adjunto)

SI definimos la salud como el proceso de creación de relaciones positivas y armoniosas entre las partes de un todo, llegaremos a la simple conclusión, de que los “malos” pensamientos influyen sobre el fraccionamiento y ruptura de las relaciones en un organismo, provocando enfermedad, mientras que los pensamientos “positivos” al contrario, influyen en la creación de relaciones armoniosas y equilibradas, que empujan al cuerpo hacia la salud.

Extrapolando este hecho al campo social, y viendo a este como un holograma en el que grupos sociales se insertan dentro de grupos sociales, como las matrioskas rusas, (esas muñequitas que se meten una dentro de otra) definiremos el grupo social “sano”, como aquel que tiene la capacidad de impulsar y crear constantemente relaciones de apoyo mutuo  y cooperación entre sus miembros, y además como parte de otro sistema mayor, provoca e impulsa relaciones de apoyo y cooperación con las partes de ese sistema superior. En definitiva, tiene un pensamiento “positivo” sobre sí mismo y sobre todo lo que le rodea.

Es evidente, que nuestro refrán pretérito nos llevaba a la descripción de otro campo social bien distinto, en el que las relaciones se basan en la mutua desconfianza entre las partes, y por lo tanto generando potenciales de enfermedad social abismales. No hay más que echar un vistazo sobre los aparatos de seguridad que rodean nuestra sociedad. Allá por donde andemos, encontraremos un elemento de control, que nos señala la desconfianza que sentimos entre nosotros y el continuo pensamiento de que el vecino me la va a pegar.

He aquí por lo tanto el mensaje de cambio que hay que lanzar a la ciudadanía, nos jugamos nuestra salud colectiva y probablemente nuestro futuro: Transformar nuestros potenciales pensamientos “negativos” en “positivos”. Ya se sabe “quien algo quiere algo le cuesta”. Pero “No hay “mal” que por “bien” no venga.

Para que esto suceda haré una descriptiva somera de los pasos a realizar sin entrar en la profundización del proceso.

En primer lugar hay  que educar al individuo en la habilidad de crear relaciones positivas  y cooperantes con el entorno, y en la sensación de que su propio bien es el bien del entorno.

En segundo lugar hay que implementar grupos sociales con estos valores positivos localmente, y conectarlos a la sociedad local.

Y en tercer lugar hay que crear una red global de relaciones entre estos grupos y conectarlos a la sociedad global.

Finalmente esa red fuerte y poderosa, prevendrá de la caída a nuestro intrépido “trapecista” social, y poco a poco irá implantando el dicho popular en forma contraria, creando un estado de opinión que afirmará rotundamente: Piensa bien y acertarás.

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Illuzia.net — Embrion.

El hombre ha llevado la evolución de su egoismo hasta las últimas consecuencias. Esto, lejos de ser algo fatal, forma parte de un plan perfectamente trazado que nos anuncia el nacimiento de una nueva humanidad.

Disponernos para este alumbramiento operando desde nuestra voluntad y sin resistencias, hara del cambio algo marvilloso y armonioso. Por contra cuanto más nos resistamos mas sufriremos.
No hay marcha atrás el futuro está trazado.

Solo falta que digamos si…..

Donde pone el ojo pone la bala

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Recuerdo aquellos estrepitosos westerns de los años 80 en los que el Sheriff, firme frente a la constante amenaza del Oeste salvaje, defendía los intereses de los asustados colonos. De él siempre se decía que “donde pone el ojo pone la bala”. Bien lo saben los tiradores con Arco que practican esta idea de forma muy especial. Y es que en el pensamiento inicial yace el acto final.

Es fácil comprobar, como cualquier fenómeno  en la Naturaleza está alimentado por una casi inapreciable fuerza potencial que espera su desarrollo. Podemos denominar a esta como “intención” y al fenómeno final simplemente “acto”.

Conforme la psicología humana se desarrolla, parece obvio que existe una tendencia que nos lleva paulatinamente a diferenciar entre ambos,  y que va revelando poco a poco los objetivos reales de la utilización de la intención.

En el programa humano, como en el del animal por otra parte, está inscrito que dicha intención debe servir para obtener exclusivamente fenómenos que me satisfagan y den placer.

Ocurre que el hombre puede desarrollar este mecanismo hasta la saturación del sistema que le rodea, mientras que los animales, solo funcionan automáticamente y su nivel de modificación del sistema es prácticamente nulo. Podemos decir que el animal “actúa” mientras que el hombre lo hace con “intención”.

Esta inflexible ley determinista, impulsa a que los hombres ya sea de forma individual o compartida, busquen aquello que les proporciona placer de forma ciega. De esta manera ponen en peligro el sistema natural global que les rodea, cuyo programa dicta lo contrario: “Nada puede existir sin el otorgamiento”. La colisión acaba con un enfrentamiento en el que el sistema fuerza a través del sufrimiento (crisis) a equilibrar al hombre en su desarrollo y vuelta a empezar.

Pareciera que nos encontramos ante un callejón sin salida. Un extraño bucle de desarrollo que parece jugar con el hombre. Por un lado una ley nos determina a desarrollarnos ciegamente hacia un lugar, mientras que por el otro, el sistema en el que estamos incluidos nos obliga hacia lo contrario. ¿Qué hacer?

No podemos cambiar la naturaleza de los hechos, pero he aquí que si podemos modificar la naturaleza de las intenciones. Esta es la gran fuerza del hombre frente al determinismo, su auténtica libertad. Para que este cambio ocurra, tendré que girar mi intención desde mi propio beneficio al beneficio global. Esto quiere decir, que en la medida que mi placer sea el placer a los demás, que la felicidad de los otros sea más importante que la mía propia, romperé este sistema cerrado que me obliga, para desplegar entonces el verdadero potencial del ser humano en equivalencia con el sistema que le rodea.

Así pues pongamos nuestro ojo en la felicidad de los demás en su placer frente al nuestro y la bala inexorablemente se clavará en el centro de la diana. Ese punto imperceptible y único que llamamos felicidad.

Ni más… ni menos

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A simple vista los hombres nos hemos distanciado enormemente de los animales,  desarrollando la búsqueda de lo que llamamos “bienestar”.

Este avance sustentado en el domino y control por parte del “ego” de la “caprichosa ley natural”, no nos ha llevado sin embargo a tener una mejor vida, pues como se puede comprobar fácilmente, en toda la historia de la humanidad el hombre se ha sentido más insatisfecho que en la actualidad.

Es fácil observar, investigar y comprender como la ley del sistema natural, provoca con su fuerza de equilibrio cambios que controlan absolutamente el comportamiento y ecología de las especies. Ningún animal ni pretende ni puede estar por encima de ella, es lo que es y se comporta como lo que debe de ser dentro de un sistema. Esta en equilibrio dinámico. Su deseo no crece y está limitado por las características genéticas de su especie y el medio ambiente que le rodea.

El hombre sin embargo en este “despegue de la naturaleza” a la conquista de su “bienestar”, no repara en consecuencias y fuerza a la naturaleza a un desequilibrio brutal. Con su deseo y mente desbocados, es capaz de cualquier cosa con tal de dar satisfacción a su “felicidad”.

No obstante, en seguida comprobamos las posibilidades devastadoras de esta máquina de pensar puesta al servicio de los deseos, que sumergió al mundo en todo tipo de locuras. Para intentar evitarlas, se crearon herramientas varias como la moral religiosa y la ética pública, que tiene su desarrollo final en las democracias neoliberales en las que vivimos.

Desgraciadamente estamos comprobando que nada de esto puede contener el deseo insaciable del hombre en la búsqueda de su “felicidad”. Ya sea legal o ilegal, moral o inmoral, a lo que nos lleva es a un profundo y desgarrador desequilibrio con la naturaleza.

Pero ¿qué nos hace pensar que el hombre no está controlado por la misma ley natural que los animales? ¿Por qué tendríamos que ser diferentes? ¿No serán todas estas crisis que estamos sufriendo consecuencia de una brusca reacción de la naturaleza para recuperar el desequilibrio que causamos?

En realidad no hay ninguna diferencia entre los animales y los hombres. O para ser más preciso una única diferencia. El animal actúa mecánicamente  frente a la ley Natural que lo domina, mientras que el hombre se desarrolla mecánicamente  intentando liberarse de esta misma Ley. Al sentir que por más que quiere fracasa, poco a poco aparece la verdadera capacidad del hombre frente al animal:

El puede darse cuenta que pertenece a un sistema global interdependiente que lo controla, y por lo tanto tiene la posibilidad de investigar su relación con él para actuar en correspondencia a su función dentro del sistema.

En todo lo demás somos animales activados por nuestro deseo que crece y controlados por la Naturaleza que nos golpea con el sufrimiento.

Nada más…. ni nada menos.

Pan

Un ambiente de normalidad circula por todos los rincones de la ciudadanía. Todo el mundo reconoce que estamos atravesando por un momento de dificultades pero nadie espera que estos se acentúen, más bien se pone la confianza en que todo será transitorio y volveremos al estado de bienestar que poseíamos anteriormente.

Pero la situación actual no es consecuencia de un hecho circunstancial y aislado. Es el resultado de la concatenación de múltiples factores y culminación del progreso socio-tecnológico del hombre que ha pretendido hacerse feliz llenando sus deseos. El resultado de este desarrollo ha sido un hombre cada vez más egoísta que solo busca el placer propio frente al ajeno, pero a la vez dependiente de una compleja red global de interconexiones que hacen posible su felicidad. Esto causa la paradoja de un hombre globalmente interconectado para la consecución de sus deseos pero totalmente aislado y alienado en la relación con el sistema.

Este proceso de llenar el placer, esta activado por la naturaleza y en el hombre al contrario que en el resto de las especies animales tiene un carácter ilimitado. La naturaleza equilibra automáticamente mediante un proceso mecánico los deseos en el mundo animal. Sin embargo los hombres tratamos de dominarla para colmar nuestros deseos ilimitadamente. Esto dentro de un sistema integral simplemente se colapsa.

La naturaleza diferenció al hombre del resto de los animales, precisamente para que en la incesante carrera por conquistar la felicidad nos diéramos cuenta que actuando unilateralmente en la culminación de esta, solo nos encontramos continuamente con fuerzas que se oponen a nuestro placer. Esta oposición es sentida como sufrimiento y crisis y lo único que nos está indicando es que ningún individuo puede desarrollarse en su placer y felicidad individualmente.

Esto quiere decir que nuestra libertad no radica en pretender ser felices a costa de satisfacer nuestros deseos, sino limitarnos en ellos voluntariamente para entrar en equilibrio con la naturaleza. Es decir en lugar de ser programados automáticamente por esta, ser nosotros los que elegimos equilibrarnos con ella.

Limitarnos no quiere decir restringirnos o privarnos, como nos indican las viejas enseñanzas, más bien todo lo contrario. En un sistema integral y global la limitación del individuo viene del hecho que todo lo que realiza y consigue, lo entrega para la felicidad del sistema y no para la propia, tomando únicamente aquello que el mismo necesita para su existencia.

Así pues si revertimos el refrán, diciendo: “Hambre para hoy pan para mañana”, estaremos indicando que solo si trato de superar mi pequeño deseo de satisfacerme a mí mismo (hambre para hoy), comenzaré a percibir una realidad mucho más amplia y satisfactoria que es la sensación del Sistema integral y mi relación con él. (pan para mañana)

Hoy otras soluciones ya no son posibles. ¿No vale la pena intentarlo?

SPIN

“El espín (del inglés spin ‘giro, girar’) se refiere a una propiedad física de las partículas subatómicas, por la cual toda partícula elemental tiene un momento angular intrínseco de valor fijo. Se trata de una propiedad intrínseca de las partículas como lo es la masa o la carga eléctrica. Estas, al girar sobre su propio eje generan un campo magnético, el denominado espín.

El espín proporciona una medida del momento angular y de la acción, intrínseco de toda partícula. Todo esto en contraste con la mecánica clásica, donde el momento angular se asocia a la rotación de un objeto extenso. El espín es un fenómeno exclusivamente cuántico.”

http://es.wikipedia.org/wiki/Espín

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¿Puede una pelota como la del video “Spin” generar una gran cadena de desgracias? ¿Qué factor hace que esa misma pelota deje de ser una gran amenaza para la humanidad?

Parece evidente que cuando ocurre algo que no deseamos,  siempre tenemos la necesidad de descubrir cúal fue la causa del suceso  para poder controlarlo y evitar que pueda volver a acontecer.

Pensamos inocentemente que la realidad funciona de forma simple y que si atajamos la causa prevendremos a la humanidad de todos los males. Así nos hablan políticos, economistas, líderes de opinión, medios de comunicación, ecologistas…. Ocurre que tras 5000 años de evolución de la cultura aproximadamente, parece que dicha metodología no funciona, pues los males lejos de desaparecer, aumentan sin cesar día a día.

El problema radica en que solo podemos actuar sobre los hechos finales, los resultados. Ellos no son sino la consecuencia última de la necesidad de relación entre las personas, que es activada por un programa interno propio oculto a la realidad. Es decir, que un hecho, acto, suceso, fenómeno, es la consecuencia externa de la necesidad de relación existente entre varios individuos del sistema que se mueven por este programa. Si no existiera este, no habría ningún problema pues la realidad sería tal cual es, como en los minerales, plantas o animales,  pura relación. Pero al existir, esta motivación oculta modifica intrínsecamente y sabotea  toda la realidad.

Todos sabemos que regalar unas flores no tiene ningún mal, pero si me dijeran que intenciones hay tras las flores, no quiero ni pensar que imágenes  aparecerían.

Este programa interno propio funciona como el “Spin” de las partículas subatómicas, (Giro sobre sí mismo que genera un campo magnético) y en los hombres se denomina “egoísmo”. Es un hecho fácilmente constatable que cada uno de nosotros giramos alrededor de nuestros deseos los cuales son el eje que cohesiona toda nuestra realidad. Cuando se producen “hechos”, es decir las relaciones entre las personas, estos solo están enfocados hacia el propio placer de cada uno o de unos pocos, y por lo tanto tarde o temprano entran en colisión los unos con los otros. En este “spin humano” solo existe la intención de recibir el mayor placer posible.

La realidad no mejorará por lo tanto cambiando los “hechos” pues son la consecuencia de este “spin humano”, sino únicamente modificando esta motivación intrínseca. A diferencia de las partículas subatómicas y demás sistemas de la Naturaleza que funcionan automáticamente, los hombres podemos transformar este programa interno.

¿Pero qué quiere decir transformar el “Spin”? Esta opera cuando voluntariamente y a través de una intención interna nos sobreponemos a este giro alrededor de nosotros mismos egoísta,  mediante el apoyo de una fuerza complementaria altruista, que es el “Spin del sistema global”. Es decir, hay que provocar con un gran deseo la sensación que nos permita observar y actuar desde el sistema global y adquirir entonces en cada uno de nosotros la cualidad de beneficiar a todo lo que nos circunda. En este “Spin del sistema global” solo existe la intención de dar  el mayor placer posible y el es la fuente de la vida.

Cuando este cambio suceda, la realidad completa cambiará en segundos y todas las relaciones generarán actos de placer indescriptibles  y….

ya no habrá más pelotas que causen desastres…

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Hoy en día los medios técnicos presentes en la medicina permiten anestesiar parcialmente el cuerpo para intervenir las zonas afectadas, de tal manera que si esta no es un órgano vital, ¡hasta puedes presenciar tu propia operación en directo!

Tiene que ser realmente extraño observar como manipulan una parte de tu cuerpo que normalmente sientes como tuya, y percibir que alguien te está abriendo aquí, cortando haya para tu bien. ¡Y todo sin sentir!

Luego, una vez pasado el efecto de la sedación el cuerpo vuelve a recuperar las sensaciones en su globalidad. La anestesia es pues una interrupción temporal de la información sensorial que circula de una parte del cuerpo al cerebro.

El organismo como globalidad, asegura que todas las conexiones en todas las partes del sistema estén activas, de tal manera que podamos sentir mi mano, pierna, ojo, mi….. En esta construcción sintáctica, el pronombre personal indica el sistema, mientras que el sustantivo señala la parte adherida al él.

Recuerdo una película en la que un hombre venido del “espacio” poseía ciertos poderes mentales. Entre ellos había uno muy especial que hacía sentir a las personas el dolor ajeno como propio. ¿Nos podemos imaginar un mundo en el que todos sintiéramos a los demás como a uno mismo? ¿Qué cada sensación del prójimo la sintiera como mía?

En realidad, nos estamos despertando de la “anestesia”. Toda la humanidad está comenzando a sentir algo insólito jamás antes sentido: todos formamos parte de un mismo cuerpo. Durante miles de años hemos pensado que vivíamos aislados, y que podíamos hacer con la naturaleza y el ser humano aquello que quisiéramos. Ahora nos estamos dando cuenta que todos estamos conectados, y la sensación de separación ya no es compatible con el futuro del hombre.

Y si hemos sido “anestesiados”, es precisamente para descubrir que no somos sino partes que ahora comienzan a aparecer interconectadas. La conexión entre cada uno de nosotros y el órgano central del sistema, está apareciendo cada vez más patente y manifiesta, y ello nos ha de llevar a la sensación de una única humanidad, una gran familia. Sabemos que somos individuos con unas características propias e intransferibles, ahora tenemos que aprender como estas se hayan conectadas para formar un maravilloso sistema humano.

Aquí está precisamente la causa de todas las crisis y sufrimientos: queremos mantenernos aislados de este sistema central, pero ya no podemos pues la “anestesia” está dejando de hacer efecto. Y en este paulatino despertar, comenzamos a sentir un inmenso dolor cuyo origen es desconocido, porque ya no es el dolor propio sino el dolor de toda la humanidad sentida en cada uno de nosotros.

La solución es simple: tenemos que desear e impulsarnos con fuerza hacia esta imagen futura de un hombre en un solo corazón, de una familia global.

El lugar de la felicidad

OfrecimientoCada mañana me pregunto qué voy a hacer en el nuevo día. Me he dado cuenta de que por más que quiera, vivo en un mundo globalizado y que todo me acaba afectando. Con esta premisa tengo dos opciones: ver que todo lo que sucede es malo o verlo todo como un buen trámite para mejorar la situación y que todo vaya a mejor. Si me encierro en que todo es malo y que todo va en contra mía, pues sinceramente lo que me espera a lo largo del día siempre acaba siendo malo. Por otra parte si me resigno a ver todo como bueno, pues ese sentimiento hace que acabe el día feliz.

En todo caso, elija la que elija, con cualquiera de las dos perspectivas, cuando veo los resultados del sorteo, al final de cada día, me doy cuenta de que me falta algo en la vida. ¿Llenaría mi vacío existencial el dinero? La respuesta socialmente aceptada es que sí lo llena, pero me gusta ir más allá. Cuando hablas con alguien que tiene más que tu te das cuenta de que tampoco el dinero le hace feliz, entonces, en este marasmo de tecnología en el que estamos metidos, te empiezas a preguntar si realmente lo que la sociedad considera como la felicidad es realmente tal.

Surge en cuenta que la felicidad es el sentimiento que se tiene cuando uno realmente le da a los que te rodean lo que necesitan, y cuando esa acción viene acompañada de la sensación de no querer nada para uno, porque simplemente se tiene todo lo necesario. Y se siente que el mundo, tu mundo, te pertenece. Con este nuevo punto de partida uno se da cuenta de que no hay nada material que pueda representar la felicidad y realmente la empieza a buscar dentro de si mismo, pero con todos los que le rodean, porque realmente se sabe que no vale de nada ser feliz en soledad, que tu felicidad está en la de los demás.

Es con este nuevo sentimiento con el cual uno, teniendo lo básico, despierta la envidia de los más ricos y empieza realmente a sacarle el jugo a la vida, creándonos nuestro propio juego en el cual somos protagonista. Y cada día surge una nueva aventura que vale la pena ser vivida.

Yo no he sido

¿Recuerdan la escena cuando de niños alguien de su clase hacía una trastada…? Tras unos instantes de desconcierto inicial, el profesor restauraba el orden roto con una severa pregunta: ¿Quién ha sido? Todos nos mirábamos unos a otros y respondíamos, lo supiéramos o no: “Yo no he sido”.

Ante la situación de crisis global que vivimos hoy en día, todos nos preguntamos ¿quién ha sido? Y simplemente respondemos: quizá los banqueros, los políticos, los economistas, los educadores, los empresarios, la sociedad, la cultura, quizá el terrorismo, quizá… Pero todos estamos de acuerdo diciendo “yo no he sido”. El “yo” mira silbando distraído siempre a otro lado y como sin sentir, se exculpa de todo mal.

Estas respuestas, tal vez pudieron ser validas en otra época o en otro contexto en el que se ejecutaba a los malvados en múltiples formas y después “a otra cosa mariposa”, pero hoy ya nadie puede localizar el origen del mal, ni exculparse a sí mismo con un lacónico “yo no he sido”, pues misteriosamente las mariposas se han conectado. Hoy en día todos podemos sentir, aunque sea en pequeña medida, que todo está relacionado. Un político español, latinoamericano o estadounidense, pertenece además a una política internacional, que a su vez depende de todos los sectores: banqueros, empresarios, educadores, economistas, científicos…

Esta mutua interconexión hace que la solución parezca compleja, al no poder localizar el lugar que debemos combatir. Sin embargo, el meollo del asunto es muy sencillo. Si hoy nos damos cuenta que todos estamos conectados y que todo parece estar en crisis, quiere decir que lo que no funciona es la conexión entre nosotros y que es ésto precisamente lo que debemos corregir. Lejos de llegar a una solución simple externa a nosotros, debemos observar la manera en que cada uno establece relaciones e intercambios con el medio. Y aun más, observar la intención que nos impulsa a la relación, creando una red compleja de interconexiones íntimas.

Todos estaremos de acuerdo que hasta hoy en día, las conexiones humanas se han establecido siguiendo una ley: obtener máximo beneficio desarrollando un mínimo esfuerzo. O lo que es igual, me relaciono con el medio en función de lo que obtengo de él. Por lo tanto, lo que recibo del otro (sea lo que sea) es lo que motiva el establecimiento de la conexión. Mientras hay beneficio hay vínculo.

Este modelo podía servir cuando las relaciones eran locales, pero hoy en día, la mutua interdependencia global nos revela que esto es ineficaz. Un sistema cuya motivación es egoísta simplemente colapsa, pues por naturaleza todo el tiempo queremos recibir más de lo que damos, pero los recursos serán siempre limitados. Un mundo en el que sus individuos piensan más en recibir que en dar es un mundo que comienza a sufrir cuando se revela que todos están interconectados.

Por un lado, pues, observamos que la conexión entre nosotros no funciona, y por el otro, vemos que esto ocurre debido a que la finalidad del individuo al establecer la relación es sólo recibir.

Si imaginamos esta situación en nuestro cuerpo, la solución parece sencilla, pues cualquier órgano está siempre relacionado con el cuerpo en función de lo que éste le pide, y su acción está limitada por él. Así que recibe del cuerpo lo que necesita para existir y el resto lo da. Todos podemos imaginar que ocurriría con este cuerpo si cada órgano pensara para sí mismo, sin pensar en los demás, y actuara según sus antojos y caprichos en función de lo que deseara recibir. Simplemente no podría existir.

Si nos fijamos atentamente entonces, nos daremos cuenta que un mundo en el que todo está interconectado, tal como ocurre en nuestro cuerpo, sólo puede sostenerse en función de lo que cada uno da a los demás. Anteponer el beneficio ajeno a mi propio beneficio es, por lo tanto, la verdadera transformación que debemos realizar para superar la crisis.

Así pues, ya no vale decir “yo no he sido”. ¿Quién ha sido? Ahora usted tiene la respuesta.

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